La radiactividad es la característica de los núcleos inestables de emitir radiaciones ionizantes.
Cuando la relación entre el número de protones y el número de neutrones de un átomo no es la adecuada, el núcleo del mismo es inestable, y para buscar la estabilidad puede desintegrarse espontáneamente emitiendo radiaciones. De este modo se transforma en otro núcleo distinto que puede ser todavía radiactivo, continuando el proceso de desintegración, o bien estable, deteniéndose la reacción.
La energía que se emite en la desintegración de un átomo puede propagarse como radiación electromagnética o en forma corpuscular. Se distinguen:
El periodo de semidesintegración es el tiempo necesario para que se desintegren la mitad de los núcleos inestables de una sustancia radiactiva. Este periodo puede durar desde milésimas de segundo hasta millones de años, dependiendo de la sustancia radiactiva considerada.
" Las radiaciones ionizantes pueden producir cambios físico-químicos y estructurales en el medio que atraviesan"
Las radiaciones ionizantes tienen la energía suficiente como para arrancar electrones a los átomos del medio que atraviesan, pudiendo producir cambios físico-químicos y estructurales en el mismo.
La mayor parte de las radiaciones ionizantes tienen un origen natural, y provienen principalmente del sol y de los minerales de la corteza terrestre. Solo el 12% de las radiaciones que recibimos tienen un origen artificial.
La ciencia y la tecnología han permitido al ser humano encontrar y desarrollar una utilidad práctica al fenómeno de la radiactividad. De este modo y desde hace mucho tiempo, las radiaciones ionizantes tienen aplicaciones en el campo de la medicina, empleándose en tratamientos y diagnósticos, en la industria, para medir espesores y densidades, en el campo de la arqueología, para la datación de yacimientos, en la obtención de energía eléctrica, a través de las centrales nucleares, etc.