La retirada, tratamiento y acondicionamiento de residuos radiactivos de baja y media actividad procedentes de centrales nucleares, hospitales, laboratorios y centros de investigación constituye un proceso tecnológicamente resuelto y en España esta plenamente operativo. Enresa dispone de un sistema de gestión completo que finaliza en el Almacenamiento Centralizado de Residuos de Baja y Media Actividad de El Cabril (Córdoba).
Anualmente, en nuestro país se producen de media unos 700 m3 (1.500 toneladas) de residuos de baja y media actividad, procedentes de centrales nucleares, hospitales y centros de investigación.
Durante 2008 el almacén centralizado de El Cabril recibió 1.246,5 metros cúbicos de residuos radiactivos de baja y media actividad: 1.186 procedentes de centrales nucleares, 59 de instalaciones radiactivas y 1,5 metros cúbicos procedentes de intervenciones especiales en acerías. Con la cantidad recibida en 2008, el Cabril acumula un total de 28.218 metros cúbicos de este tipo de residuos radiactivos, y el almacenamiento de baja y media actividad se encuentra al 58,73%.
Estos residuos están constituidos, fundamentalmente, por líquidos; herramientas y materiales de operación utilizados en las centrales nucleares; jeringuillas, material médico diverso empleado en las unidades de medicina nuclear y radioterapia de los hospitales; y otros materiales residuales contaminados en ensayos en laboratorios de investigación que son acondicionados e inmovilizados en hormigón previamente a su almacenamiento.
De acuerdo con el Sexto Plan General de Residuos Radiactivos, aprobado en junio de 2006, la cantidad total de residuos de baja y media actividad a gestionar en España será de 176.000 metros cúbicos (incluidos los que ya almacenados), para los que tiene capacidad y tecnologías adecuadas el Almacenamiento Centralizado de El Cabril. Gran parte de este volumen corresponde a residuos de “muy baja actividad”, con muy poca contaminación radiológica y un periodo de semidesintegración mínimo.
Una buena gestión de estos residuos se inicia con la reducción en su producción, continua con su clasificación por tipos y finaliza con su acondicionamiento en función de sus características. Gestionar los residuos radiactivos supone unos costes importantes, por ello es responsabilidad de Enresa y de los productores reducir su volumen al mínimo. Desde su creación, la empresa viene trabajando con los productores de residuos para que el volumen que se genera sea el menor posible.
La gestión de los residuos de baja y media actividad comienza por acordar con cada productor, mediante un contrato-tipo, aprobado por las autoridades competentes, cómo tiene que presentar los residuos para su retirada, acondicionándolos en hormigón dentro de bidones en el caso de las centrales nucleares.
En el caso de los hospitales y centros de investigación, preacondicionándolos; es decir, segregando los productos sólidos de los líquidos, los líquidos acuosos de los líquidos orgánicos y los residuos que son compactables de los que no lo son.
Enresa supervisa en los mismos centros de producción cómo se realiza la gestión previa de los residuos que generan y cómo se preparan para su transporte al Almacén Centralizado de El Cabril. Esta operación se hace de una manera muy regulada, con medios específicamente diseñados para cada tipo de residuo.
Los residuos de baja y media actividad se transportan en camiones diseñadosespecíficamente para asegurar la inmovilización de los bidones en el traslado.
ENRESA realiza unos 300 transportes al año de residuos procedentes de diferentes centros, y todos ellos se llevan a cabo de acuerdo con la normativa establecida en el Reglamento de Transporte de Mercancías Peligrosas por Carretera.
Este reglamento es una trascripción del reglamento europeo ADR, y en él se especifica qué documentación es necesaria para el transporte, qué controles se deben pasar antes, durante y después del mismo, y a quién se debe notificar o cuáles son las instrucciones que tiene que seguir el conductor en caso de avería o accidente.
Por tanto, ésta es una actividad altamente reglamentada y de la cual tienen conocimiento Protección Civil, el Consejo de Seguridad Nuclear, la Guardia Civil, la Delegación de Gobierno, el Ministerio de Industria, Turismo y Comercio, las Agencias de Medio Ambiente de las comunidades y otras administraciones.
La seguridad es uno de los aspectos fundamentales en la gestión de residuos radiactivos. En todo el proceso anterior se siguen los criterios de seguridad establecidos por el Consejo de Seguridad Nuclear y el Ministerio de Industria, Turismo y Comercio acordes con la garantía que debe ofrecer el almacenamiento final de El Cabril.
El Cabril, una instalación construida y gestionada por ENRESA, situada en Sierra Albarrana (Sierra Morena), cuyas poblaciones más cercanas son Fuente Obejuna (a 40 kilómetros) y Hornachuelos (a 43 kilómetros), es el lugar donde se Almacenan todos los residuos de baja y media actividad producidos en España.
Su capacidad es suficiente para albergar todos los residuos de baja y media actividad que se generen hasta el año 2025, aproximadamente.
En este centro se almacenan únicamente los residuos radiactivos de baja y media actividad, que suponen el 95% de los residuos radiactivos producidos en el territorio nacional.
Todas las actividades que realiza Enresa se desarrollan según procedimientos específicos. Estos procesos están auditados tanto internamente, a través de un programa de calidad interno, como externamente por empresas privadas especializadas además de por el Consejo de Seguridad Nuclear, el organismo regulador independiente que controla todas las actividades de Enresa.
El diseño de la instalación responde a un profundo estudio de la cuestión en otros países, más concretamente del modelo utilizado en Francia, que internacionalmente se considera muy avanzado y seguro. En 1986 se inició el diseño de un proyecto adaptado a las dimensiones del parque nuclear español y a las características del terreno, que fue aprobado, a finales de 1989, por el Ministerio de Industria y Energía y por las autoridades locales. La construcción de la nueva instalación se inició en enero de 1990, terminó dos años y medio después e inició su vida operativa en octubre de 1992, tras obtener el correspondiente permiso de explotación. En la actualidad trabajan en la instalación más de 200 personas de las poblaciones próximas.
Cuando un transporte de residuos llega al centro, todas las operaciones de descarga se realizan por control remoto desde la sala de control, mediante puentes-grúa que descargan los bidones. Parte de estos bultos, se someten a compactación para reducir su volumen. Los bidones se introducen en contenedores en forma de cubo de dos metros de lado que tienen capacidad para 18 bidones. Estos contenedores, que se fabrican en El Cabril, son de hormigón armado de alta calidad. Una vez lleno el contenedor, se inmoviliza su contenido mediante inyección de mortero, de manera que forme un bloque compacto.
Más tarde, estos contenedores son trasladados a unas estructuras de almacenamiento donde quedarán definitivamente depositados.
Las estructuras de almacenamiento disponen de paredes de hormigón armado de medio metro de espesor y su suelo forma una leve pendiente hacia el centro para que el agua, en el hipotético caso de entrar en la celda, se drene con facilidad hacia un desagüe dispuesto en su parte inferior que se canaliza hasta un depósito de control.
En total, El Cabril dispone de 28 estructuras de almacenamiento situadas sobre dos plataformas de hormigón con 16 y 12 estructuras respectivamente. Cada estructura tiene 10 metros de altura, con una base cuadrada de unos 20 m. de lado, y con capacidad para albergar 320 contenedores cada una de ellas. En la actualidad hay 15 estructuras llenas y una está en operación.
Durante la fase de llenado, la estructura de almacenamiento se cubre con un techado móvil que protege a los contenedores del agua de lluvia. Este techado alberga un puente grúa de 32 toneladas de capacidad para el manejo de los contenedores que es operado desde la Sala de Control situada en el Edificio de Acondicionamiento. Una vez llena, se cubre con una losa de cierre superior de hormigón armado. Finalmente, el conjunto es impermeabilizado con una cobertura sintética y el techado móvil se traslada a la siguiente estructura.
Al finalizar el período de explotación de El Cabril, se procederá a cubrir el conjunto con una cobertura definitiva formada por varias capas alternas de materiales drenantes e impermeabilizantes. Finalmente, el conjunto se cubrirá con tierra vegetal y se integrará en el paisaje mediante la plantación de especies autóctonas. A partir de este momento, y por un periodo de 300 años, se pondrá en marcha un programa de control y vigilancia. Antes de que concluya ese período de tiempo, la radiactividad contenida habrá disminuido a los niveles del fondo natural. Toda la zona de almacenamiento está diseñada para soportar terremotos de muy alta intensidad, de grado 7,5 en la escala Richter.
Con todas estas barreras interpuestas, se trata de impedir al máximo el contacto del agua con los residuos. De este modo, por ejemplo, el agua procedente de las precipitaciones debería traspasar múltiples barreras: varios metros de capas de cobertura impermeables y 10 metros de estructuras de hormigón. Pero, en el remoto caso de que una gota de agua lograse llegar al fondo de alguna de las estructuras de almacenamiento, ésta sería recogida a través del sumidero de las estructuras, que se comunica con una red de control de infiltraciones instalada en unas galerías de inspección situadas bajo ella. Cada uno de los 28 sumideros -que se corresponden con el número de estructuras- está conectado a otros tantos depósitos de retención.
Estos depósitos, que son transparentes, permitirán detectar a largo plazo, por simple inspección visual, cualquier posible infiltración y conocer en cuál de las estructuras se ha producido. Si se detectase presencia de agua, se procedería a tomar una muestra y analizarla. Si se detecta algún tipo de contaminación, este agua se llevaría a un depósito de control para su tratamiento posterior, ya que la instalación debe cumplir la condición de vertido radiactivo nulo.
La hipotética presencia de agua en algún drenaje, implicaría la existencia de alguna fisura en la estructura correspondiente, que habría que reparar. Para ello, accediendo a ella desde la parte superior, se extraerían los contenedores de almacenamiento, que son incluso susceptibles de ser transportados si fuera necesario. Una vez reparadas las fisuras, se pueden reintroducir los contenedores restableciendo las condiciones normales de almacenamiento.
Además de la zona de almacenamiento, El Cabril cuenta con una serie de servicios, entre los que se encuentran los Laboratorios de Verificación de la Calidad o el Edificio de Acondicionamiento de residuos, así como otras dependencias auxiliares para el normal funcionamiento del centro. El acceso a las instalaciones se realiza a través del Edificio de Seguridad Industrial. Allí se encuentra el puesto central de vigilancia y el puesto de lucha contra incendios.
La verificación de la calidad de los residuos se lleva a cabo en dos laboratorios, uno inactivo y otro activo. En el primero de ellos se realizan ensayos y análisis con probetas de hormigón no activas de características similares al empleado para el acondicionamiento de los diferentes bidones de residuos que ENRESA ha de almacenar. Por el contrario, en el Laboratorio Activo se realizan ensayos para determinar las características de los diferentes tipos de residuos reales. En el Edificio de Acondicionamiento se llevan a cabo todas las operaciones de acondicionamiento, reducción de volumen e inmovilización de los residuos. En él se realiza la transferencia de los bidones a los contenedores de almacenamiento con el auxilio de un puente grúa accionado por control remoto. También alberga la Sala de Control, desde la que se opera y controla la mayor parte de los sistemas ya descritos y en la que se centraliza toda la información relativa al funcionamiento de la instalación.

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